martes, 12 de febrero de 2013

De Repente


La última vez que amé fue repentina. Como la lluvia que cae después de un día soleado, como el cambio de rumbo de las aves o como el estupor de las olas del mar; repentino simplemente. Puedo decir que desde que nuestras miradas se cruzaron por primera vez, me enamoré. También puedo decir que cuando hablamos la primera vez nuestros labios ansiaban tocarse y nuestras manos se atraían entre sí. La primera vez que me enamoré no fue algo planeado. Nuestros corazones lo decidieron y actuaron por nosotros. Ellos mandaron a nuestras mentes y movieron nuestros brazos para que se juntaran finalmente. La primera y última vez que me enamoré, lo hice desde mi corazón.
Hoy siento que te quiero. Me gusta como hablas, me encanta como piensas. Tus labios me atraen y tu cuerpo me atormenta. Me gusta verte de lejos, me fascina sentirte cerca. Tus dedos entre los míos me hacen suspirar y tu aliento de coco me permite respirar. Hoy, y desde hace mucho tiempo siento que en ti puedo encontrar algo que no podré encontrar en nadie más. Siento que es posible que tu presencia me haga feliz y que el recuerdo de tu rostro haga que yo me vuelva a ilusionar. Hoy siento que te quiero, pero no me siento enamorada. No siento que la lluvia cae de repente sobre mis hombros para hacerme vibrar con fervor. No siento las olas del mar rompiendo en mi pecho, ni escucho a las aves cantar en mis oídos. Hoy, sé que nunca podré amarte; ni aunque lo busque ni aunque me esfuerce. Ni aunque lo quiera ni aunque lo sueñe. Hoy se, que tu no llegaste a mi corazón de repente; hoy sé que yo te metí a la fuerza. 

No hay comentarios: