sábado, 23 de noviembre de 2013

Gemidos

Gemidos. Gemidos inexistentes de un amor que jamás culminará. Gritos de placer ajeno y satisfacción aparentemente compartida. Caricias sutiles llenas de verdad que no provocan más que culpa e inferioridad. Besos llenos de pasión contenida, miradas de un amor sin igual. Palabras sinceras que expresan más que la verdad. Sentimientos encontrados, sensaciones por doquier. Risas que callan al escuchar el rose de su piel contra mi piel. Bella combinación de colores. Insaciables jadeos haciéndome estremecer. Cosquillas entre las piernas, suspiros insaciables de un mañana sin ayer. Dulces caricias tuyas que solo pretenden darme placer. Extrema rebeldía la mía de intentar contenerme ante la luz del amanecer. Fuego en tu mirada, miel en tus cabellos. Eres perfección; ante cualquiera y frente a todos, eres perfección. Tus ojos grandes, tu vigor de hombre. Tus piernas largas, tus brazos de roble. Moviendo tus caderas me haces ver que eres todo lo que siempre soñé. Tus manos inquietas me afirman que eres tú con el que siempre quise estar. La luz de tu alma, el calor de tu corazón, y estos oídos tiernos que escuchan tu dulce voz. Eres todo lo que necesito para gozar. Para sonreír a cada minuto y olvidar que existe el dolor. Eres exactamente igual al ideal que mi menté creó. Un hombre perfecto para mirar, un destello de luz, un susurro de paz. Pero mis gemidos opacan tu grandeza. Mi placer te hace efímero e inexistente. Si olvido el dolor que me provoca tu ausencia, me dejo llevar a un lugar obscuro donde tu luz no me puede ver. Donde mi soledad no te quiere cerca y mis párpados se cierren para no ver tu perfección de nuevo. Por eso prefiero gritar, para evitar a toda costa, que mis ojos no puedan verte una vez más.