Eh ahí Julia, fogosa e
insatisfecha. Sosteniendo un cigarro con la mano izquierda y su corazón con la
derecha. El hastío la alborota, la confunde, la abochorna. Sus dedos comienzan
a temblar. El cigarro se cae. Su decisión parece tomada. Un caballero vestido
de blanco, con zapatos brillantes y un alma que parece pura, se asoma por la
ventana de sus recuerdos. Cautivado, él la mira, la desea. Cada paso lo acerca
más a ella mientras sus cabellos de miel lo seducen con cautela. Finalmente
ella siente su presencia. Tímidamente levanta la cabeza para conocer su dulce
rostro de galán empedernido. Él, humilde, sumiso, dócil, se agacha para recoger
el cigarro que yace junto a los hermosos pies de la doncella sin prejuicios.
-aquí tiene señorita- sorprendida de su caballerosidad tan prematura ella le
acerca la mano. El cigarro se mueve presuroso hacia los carnosos labios del
joven muchacho –-¿me permitiría?- segura, obstinada, saca con su mano izquierda
un encendedor de su bolsa de mano. Encendiendo el cigarrillo de sus pesares
sonríe plácidamente mientras los pulmones de aquél son extasiados con el letal
humo de su cariño infundado. Ella lo mira. Él, solo fuma. Las ganas de probar
aquél humo lleno de pasión y enfermedad se intensifican en la garganta de ella.
Una cigarrera en el fondo de su bolsa la llama, pero sus manos están muy
ocupadas para tomarla. Una bocanada. Otra bocanada. Placer. Él la mira con
frialdad. Su necesidad ha sido saciada. Tira el cigarro con su mano derecha y
pisándolo firmemente, sonríe de nuevo. Ella solo lo mira. Las ganas se le
notan, el ansia le pulula por los poros. Al advertirlo, él se acerca al bolso,
toma la cigarrera y le pone un cigarro en su roja boca sin verdad. –Delicioso- Habiendo
cumplido su misión, puede irse satisfecho. Ahora es el turno de ella de
disfrutar; pero con ambas manos ocupadas, no puede más que inhalar y exhalar el
vacío y la soledad que la partida le ha dejado. Una bocanada. Otra bocanada.
Asco. Repudio. –Casi se me olvida- acercándose hacia ella con una calma
infernal, desliza suavemente sus dedos entre la mano derecha de ella. Ahora, la
sangre de su corazón le escurre le pertenece. Con un pañuelo de seda, blanco,
impecable, limpia los restos de su perdición de la mano de ella. –Ahora ya
puedes fumar- gotas de placer se deslizan por sus muñecas hasta llegar al ante
brazo. Con los ojos cerrados hacia su interior él se acerca el corazón al
rostro. Su olor penetra hasta lo más profundo de sus entrañas. Placer. Un éxtasis
indescriptible lo inunda por completo. Ahora con vida propia, su mano mueve el
corazón alrededor de su cuerpo. Restregándolo con pasión por cada rincón de su
blanco y reluciente traje de lino, él suspira. Cuello. Hombros. Axila. Ella lo
mira con tranquilidad. Fuma. Pecho. Torso. Cadera. Ella sigue fumando. Piernas.
Entre pierna. Tobillos y pies. El cigarro ha llegado a su fin al igual que la
tranquilidad que la mantenía sentada. Intentando sorprenderlo por la espalda
ella extiende su trémulo brazo hacia su hombro. Sintiendo su amor él se voltea.
Bajando su corazón para hacerla suya la toma de la cadera y la acerca hacia su
cuerpo. Bailan. Todo un sueño. Colores, sabores, las olas del mar rompen en sus
pechos. La música de sus adentros comienza a extinguirse poco a poco. Frente a
frente. En medio, el corazón. Suaves caricias irrumpen los labios de él. Él
hace lo mismo. Frente a frente. En medio, un corazón. Mirando su dura corteza
con ansiedad, el hambre de tenerse mutuamente los incita a hacer una locura.
Una mordida a un fruto rojo y crocante. Otra mordida. El dulce jugo del fruto
prohibido se escurre en sus bocas. Cerrando los ojos, ambos disfrutan, viven.
Después del último bocado, la vida dejará de ser la misma. Lo saben. Sus
papilas gustativas se extasían con cada masticar. Su piel se crispa. Placer
absoluto. Saciedad. La última cena ha acabado. Un beso. Un adiós. Calor
intenso. El sudor escurre por sus cuerpos. Más calor. La llama de la pasión
comienza a hacerse más presente. Sus pechos arden, sus ojos humean. Fuego. Gritos. Un abrazo. Soledad. Las cenizas
de sus cuerpos caen como la nieve en el invierno. El recuerdo de su amor ahora
yace junto a un par de colillas sin sabor y un montón de partículas de aire sin
ningún color.
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1 comentario:
Excelentes tus letras, me encanto tu blog. Un día de estos promocionaré la colección completa de tus libros ;)
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