lunes, 17 de diciembre de 2012

Una tarde con Julia


Eh ahí Julia, fogosa e insatisfecha. Sosteniendo un cigarro con la mano izquierda y su corazón con la derecha. El hastío la alborota, la confunde, la abochorna. Sus dedos comienzan a temblar. El cigarro se cae. Su decisión parece tomada. Un caballero vestido de blanco, con zapatos brillantes y un alma que parece pura, se asoma por la ventana de sus recuerdos. Cautivado, él la mira, la desea. Cada paso lo acerca más a ella mientras sus cabellos de miel lo seducen con cautela. Finalmente ella siente su presencia. Tímidamente levanta la cabeza para conocer su dulce rostro de galán empedernido. Él, humilde, sumiso, dócil, se agacha para recoger el cigarro que yace junto a los hermosos pies de la doncella sin prejuicios. -aquí tiene señorita- sorprendida de su caballerosidad tan prematura ella le acerca la mano. El cigarro se mueve presuroso hacia los carnosos labios del joven muchacho –-¿me permitiría?- segura, obstinada, saca con su mano izquierda un encendedor de su bolsa de mano. Encendiendo el cigarrillo de sus pesares sonríe plácidamente mientras los pulmones de aquél son extasiados con el letal humo de su cariño infundado. Ella lo mira. Él, solo fuma. Las ganas de probar aquél humo lleno de pasión y enfermedad se intensifican en la garganta de ella. Una cigarrera en el fondo de su bolsa la llama, pero sus manos están muy ocupadas para tomarla. Una bocanada. Otra bocanada. Placer. Él la mira con frialdad. Su necesidad ha sido saciada. Tira el cigarro con su mano derecha y pisándolo firmemente, sonríe de nuevo. Ella solo lo mira. Las ganas se le notan, el ansia le pulula por los poros. Al advertirlo, él se acerca al bolso, toma la cigarrera y le pone un cigarro en su roja boca sin verdad. –Delicioso- Habiendo cumplido su misión, puede irse satisfecho. Ahora es el turno de ella de disfrutar; pero con ambas manos ocupadas, no puede más que inhalar y exhalar el vacío y la soledad que la partida le ha dejado. Una bocanada. Otra bocanada. Asco. Repudio. –Casi se me olvida- acercándose hacia ella con una calma infernal, desliza suavemente sus dedos entre la mano derecha de ella. Ahora, la sangre de su corazón le escurre le pertenece. Con un pañuelo de seda, blanco, impecable, limpia los restos de su perdición de la mano de ella. –Ahora ya puedes fumar- gotas de placer se deslizan por sus muñecas hasta llegar al ante brazo. Con los ojos cerrados hacia su interior él se acerca el corazón al rostro. Su olor penetra hasta lo más profundo de sus entrañas. Placer. Un éxtasis indescriptible lo inunda por completo. Ahora con vida propia, su mano mueve el corazón alrededor de su cuerpo. Restregándolo con pasión por cada rincón de su blanco y reluciente traje de lino, él suspira. Cuello. Hombros. Axila. Ella lo mira con tranquilidad. Fuma. Pecho. Torso. Cadera. Ella sigue fumando. Piernas. Entre pierna. Tobillos y pies. El cigarro ha llegado a su fin al igual que la tranquilidad que la mantenía sentada. Intentando sorprenderlo por la espalda ella extiende su trémulo brazo hacia su hombro. Sintiendo su amor él se voltea. Bajando su corazón para hacerla suya la toma de la cadera y la acerca hacia su cuerpo. Bailan. Todo un sueño. Colores, sabores, las olas del mar rompen en sus pechos. La música de sus adentros comienza a extinguirse poco a poco. Frente a frente. En medio, el corazón. Suaves caricias irrumpen los labios de él. Él hace lo mismo. Frente a frente. En medio, un corazón. Mirando su dura corteza con ansiedad, el hambre de tenerse mutuamente los incita a hacer una locura. Una mordida a un fruto rojo y crocante. Otra mordida. El dulce jugo del fruto prohibido se escurre en sus bocas. Cerrando los ojos, ambos disfrutan, viven. Después del último bocado, la vida dejará de ser la misma. Lo saben. Sus papilas gustativas se extasían con cada masticar. Su piel se crispa. Placer absoluto. Saciedad. La última cena ha acabado. Un beso. Un adiós. Calor intenso. El sudor escurre por sus cuerpos. Más calor. La llama de la pasión comienza a hacerse más presente. Sus pechos arden, sus ojos humean.  Fuego. Gritos. Un abrazo. Soledad. Las cenizas de sus cuerpos caen como la nieve en el invierno. El recuerdo de su amor ahora yace junto a un par de colillas sin sabor y un montón de partículas de aire sin ningún color. 

1 comentario:

Anastasia dijo...

Excelentes tus letras, me encanto tu blog. Un día de estos promocionaré la colección completa de tus libros ;)