Ahora, sin poder dormir, te
recuerdo. Con tus ojitos mirándome mientras duermo. Con tu vocecita chillona
pidiendo compañía. Te extraño. Ahora solo se escuchan los minutos en el reloj.
El tiempo pasa lento. Sin ti la vida no me sabe. Me siento vacío. Yo sé que no
debería. Muchos me han dicho que la mejor compañía que tengo soy yo mismo. Yo
me lo he dicho también. Pero eso no me funciona.
Me he acostumbrado demasiado a
ti. Tu calor por las noches y un café por las mañanas. Un beso no correspondido
cada vez que me voy y un saludo sin vida cuando regreso a casa. Te extraño. No
se si puedo decir que te quiero, pero te extraño. Sin tu presencia me siento
descubierto, destapado, desprotegido. No sé que me pasa. Siempre que me
preguntan respondo lo mismo: “soy independiente”. Ahora no se si realmente lo
soy. Yo pago mi comida del día y mi renta del mes. Me muevo solo por las calles
y no le temo a nada. Solo a ti. Cada vez que llego a casa estás tú,
esperándome. Mirándome con esa mirada que a cualquiera cautiva pero que nadie
quiere realmente mirar. Cada vez que llego a casa me encuentro contigo,
soledad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario