sábado, 23 de noviembre de 2013

Gemidos

Gemidos. Gemidos inexistentes de un amor que jamás culminará. Gritos de placer ajeno y satisfacción aparentemente compartida. Caricias sutiles llenas de verdad que no provocan más que culpa e inferioridad. Besos llenos de pasión contenida, miradas de un amor sin igual. Palabras sinceras que expresan más que la verdad. Sentimientos encontrados, sensaciones por doquier. Risas que callan al escuchar el rose de su piel contra mi piel. Bella combinación de colores. Insaciables jadeos haciéndome estremecer. Cosquillas entre las piernas, suspiros insaciables de un mañana sin ayer. Dulces caricias tuyas que solo pretenden darme placer. Extrema rebeldía la mía de intentar contenerme ante la luz del amanecer. Fuego en tu mirada, miel en tus cabellos. Eres perfección; ante cualquiera y frente a todos, eres perfección. Tus ojos grandes, tu vigor de hombre. Tus piernas largas, tus brazos de roble. Moviendo tus caderas me haces ver que eres todo lo que siempre soñé. Tus manos inquietas me afirman que eres tú con el que siempre quise estar. La luz de tu alma, el calor de tu corazón, y estos oídos tiernos que escuchan tu dulce voz. Eres todo lo que necesito para gozar. Para sonreír a cada minuto y olvidar que existe el dolor. Eres exactamente igual al ideal que mi menté creó. Un hombre perfecto para mirar, un destello de luz, un susurro de paz. Pero mis gemidos opacan tu grandeza. Mi placer te hace efímero e inexistente. Si olvido el dolor que me provoca tu ausencia, me dejo llevar a un lugar obscuro donde tu luz no me puede ver. Donde mi soledad no te quiere cerca y mis párpados se cierren para no ver tu perfección de nuevo. Por eso prefiero gritar, para evitar a toda costa, que mis ojos no puedan verte una vez más. 

lunes, 15 de abril de 2013

Oración Nocturna



Antroposofía irregular de la antagonía del universo
Cataclismo episcopal del epitafio ontológico de la humanidad
Representación ambigua de la luminosidad de un alma en pena
Símbolo de la neutralidad amorfa de una semiótica unilateral
Anti naturalidad sofocante de un mundo en crisis
Tormenta tricolor, aguda corteza sin ninguna sensación
Oráculo del futuro, magia cósmica contra el mal
Morfosintaxis magnética de una minoría interestelar
Narcolepsia osmótica repelente de la libertad
Macramé de la vida, simbiosis magistral
Absurda locución intramuscular plagada de campamochas disecadas
Carnificación imaginaria de una tormenta extra cotidiana
Transición coetánea del estreptococo de la desidia
Trastocación de los sentidos semiurbanos
Y malinterpretación de la locura desmedida
Hojas de milpa que caen desde lo más alto del cielo
Corales monocromáticos que destellan luces retoricas
Sobre la soledad infrahumana de los que esperan sentados.
Parpadeos febriles que explotan para convertirse en un dios omnipotente

lunes, 11 de marzo de 2013

El Monstruo


Tenía grandes alas y un pico amarillo. Su cuerpo parecía una salchicha extraterrestre y sus plumas del color del arcoíris, una nave interestelar. Su cola se veía como la de un pavo real, pero sus ojos fisgones daban mucho en que pensar. Ante mí se quedó inmóvil “es muy salvaje” decían todos “puede matar a cualquiera”, exclamaba el mundo entero. Sus enormes patas de rinoceronte se plantaron en la tierra haciéndome dar un paso atrás. Con su melodioso canto de sirena me invitó a acercarme. El miedo me carcomía las entrañas. Como un cerdo en el horno, comencé a sudar. Mi cabello se evaporaba de los nervios y mis manos temblaban como maraca de carnaval. Di un paso al frente. Su enorme cuello de jirafa se estiró hacia mi rostro. Con su trémula nariz de topo inhaló el pútrido hedor de mi alma carente de luz. Sacudiendo su cabeza en símbolo de desapruebo, contrajo su enorme garganta y me miró de nuevo. Sus pupilas de búho curioso se dilataron al ver las mías. Mirando directo hacia mi corazón, sus cejas se levantaron con admiración. Sin quitarme su sorpresa de encima, cerró las puertas de su ser y lanzó al cielo un estruendoso grito de felicidad. Eco. Silencio. Más eco. De pronto un fervor entrañable inundó mis brazos haciéndome acercar. Las ganas de abrazar a aquella inusual criatura y agradecerle su inmensa comprensión, se incrementaban con enjundia intranquila y mi cuerpo empezaba a latir con cariño hacia él. Con la boca seca de emoción mis labios desearon por un momento hundirme en el tremendo estupor de sus besos de miel. De pronto, una transformación inminente tomaba lugar ante mí. La curiosidad de su mirar se tornó humana, el color de sus plumas se hizo terrenal y su pico se transformó en un par de labios carnosos mas seductores que su propio mirar. A sus imponentes piernas de rinoceronte comenzaron a brotarle dedos y uñas,  su nariz ahora era respingada y hermosa, al igual que su torso delgado y su lacio y rubio cabello que se movía con el viento. Por un momento quise buscar un poco de malicia en sus ojos de estrellas. Deseaba asustarme como la primera vez que vi a aquél monstruo frente a mí. No pude. Su encanto me hipnotizó y su sinceridad me cautivó de inmediato. Era bella, era hermosa. Era todo lo que siempre desee. Con una sonrisa fugaz, miré al cielo y en son de agradecimiento grité con fuerza tal como lo hizo ella antes de transformarse. Quería que las nubes supieran que estaba feliz de haber encontrado lo que siempre busqué. Deseaba que nunca es apartara de mis brazos. De pronto, ante sus ojos de humano, mis extremidades comenzaron a hormiguearse. Sentía que mi sangre corría más lento y me costaba trabajo respirar. Un reflejo fugaz me hizo voltear hacia el piso. Mis dedos estaban desapareciendo y mi piel se tornaba color gris. Mi espalda se encorvaba lentamente hacia abajo, mientras que una extraña sensación de crecimiento capilar esclarecía mi rostro con una verdad que no quería aceptar. En mis ojos se dibujó una extraña curiosidad parecida a la de los búhos cuando tienen hambre y estirando mi enorme cuello hacia el cielo me di cuenta que algo no andaba bien. Frente a mí, ella solo sonreía. Con sus dedos largos y su tersa piel, tomó mi pico amarillento y con un beso se despidió para siempre. Mientras caminaba lejos de mi comprendí la verdad. Recordando las advertencias de aquellos que conocían al dulce monstruo del amor, me di cuenta de que ahora el monstruo, era yo. 

sábado, 16 de febrero de 2013

Por Eso



Y finalmente te tuve entre mis brazos. A pesar de tu resistencia espartana y tu corazón cerrado, pude acercarme a ti. Estrechándote con fuerza hacia mi pecho te hice suspirar como hace años no lo hacías. Besando tus labios con fervor adolescente tu sonrisa me miró como tus ojos jamás podrán hacerlo. No fue fácil. Al contrario. Pero lo disfruté.
Desde que te conocí supe, de alguna forma, que esto pasaría. Lo deseaba con fuerza y tú lo esperabas en silencio. Pero tu pecho me lo dijo. Así como me dijo que te sentías encerrado en una barrera de grasa que tú mismo habías creado. Tu pecho me lo dijo, así como me dijo que tenías ganas de huir hacia un lugar pleno donde el amor mande y las aves no se interpongan en tu camino. Por eso me acerqué, a pesar de tu resistencia, para  decirte que ese mundo existe.
Anoche, mientras te tenia entre mis brazos creíste haber encontrado aquello que con tantas ansias has buscado. Un conflicto extraño hizo que tus ojos me miraran preguntándome si era verdad lo que veían. No pude responder. Tuve miedo. Me hubiera encantado decirte que sí. Que aquello que tanto esperas lo puedes encontrar en mis caricias y en este amor tan puro que te tengo. Me hubiera gustado jurarte amor eterno para vivir felices por siempre envueltos en una burbuja de flores y canciones románticas. Pero callé.
Ayer, finalmente te tuve entre mis brazos. Tu disposición era entera y tu corazón latía con fuerza cada vez que mis labios te besaba. Ayer, que finalmente te enamoraste de mí, tuve que hacerte a un lado. Esperando a no romper tu sueño y tu ilusión, deseando que algún día puedas verme a los ojos y decirme lo bien te que sientes y lo libre que estás.  El mundo que buscas no está entre mis brazos o en mis besos.  Por eso tengo que partir. Porque tu confusión extrema puede llevarte a la destrucción. Por eso, anoche mientras estabas en mis brazos, tuve que decir adiós, y resignarme a no verte nunca más. 

martes, 12 de febrero de 2013

De Repente


La última vez que amé fue repentina. Como la lluvia que cae después de un día soleado, como el cambio de rumbo de las aves o como el estupor de las olas del mar; repentino simplemente. Puedo decir que desde que nuestras miradas se cruzaron por primera vez, me enamoré. También puedo decir que cuando hablamos la primera vez nuestros labios ansiaban tocarse y nuestras manos se atraían entre sí. La primera vez que me enamoré no fue algo planeado. Nuestros corazones lo decidieron y actuaron por nosotros. Ellos mandaron a nuestras mentes y movieron nuestros brazos para que se juntaran finalmente. La primera y última vez que me enamoré, lo hice desde mi corazón.
Hoy siento que te quiero. Me gusta como hablas, me encanta como piensas. Tus labios me atraen y tu cuerpo me atormenta. Me gusta verte de lejos, me fascina sentirte cerca. Tus dedos entre los míos me hacen suspirar y tu aliento de coco me permite respirar. Hoy, y desde hace mucho tiempo siento que en ti puedo encontrar algo que no podré encontrar en nadie más. Siento que es posible que tu presencia me haga feliz y que el recuerdo de tu rostro haga que yo me vuelva a ilusionar. Hoy siento que te quiero, pero no me siento enamorada. No siento que la lluvia cae de repente sobre mis hombros para hacerme vibrar con fervor. No siento las olas del mar rompiendo en mi pecho, ni escucho a las aves cantar en mis oídos. Hoy, sé que nunca podré amarte; ni aunque lo busque ni aunque me esfuerce. Ni aunque lo quiera ni aunque lo sueñe. Hoy se, que tu no llegaste a mi corazón de repente; hoy sé que yo te metí a la fuerza. 

jueves, 7 de febrero de 2013

Me Arrepiento


He hecho muchas locuras en mi vida
Pero solo de una me arrepiento
He saltado al vacío por curiosidad
He dejado todo por una vez
Y vuelto a empezar ochenta
He caído sin levantarme
Y me he levantado sin que nadie se entere
He corrido al horizonte buscando nada
He encontrado la nada y la he disfrutado como nunca
He subido al cielo y he bajado varias veces
He bebido café con el diablo
Y comido dulces junto a los ángeles
he enfermado de odio y vomitado de risa
he tenido calor, he pasado frio
y he padecido los dos al mismo tiempo
he hecho de todo
locuras, corduras y hasta obscenidades
y de casi nada me arrepiento
he visto tu sonrisa brillar bajo el sol,
tu cuerpo desnudo ante la inmensidad de la primavera,
y tus ojos sufrir bajo la lluvia
he sentido tus brazos sobre mi pecho
y tu pecho entre mis brazos
te he tenido para mí solo, por años
y he podido disfrutarte noche y día
he recibido tus besos
y hasta he comprado tus caricias
he reído contigo y tú te has burlado de mi  
hemos viajado para ver el amanecer
y hemos volado hasta el infinito
y vuelto al día siguiente sin cambio aparente
hemos hecho muchas locuras juntos
(tal vez tu más que yo)
Y solo de una me arrepiento
De no haberte amado 

lunes, 17 de diciembre de 2012

Una tarde con Julia


Eh ahí Julia, fogosa e insatisfecha. Sosteniendo un cigarro con la mano izquierda y su corazón con la derecha. El hastío la alborota, la confunde, la abochorna. Sus dedos comienzan a temblar. El cigarro se cae. Su decisión parece tomada. Un caballero vestido de blanco, con zapatos brillantes y un alma que parece pura, se asoma por la ventana de sus recuerdos. Cautivado, él la mira, la desea. Cada paso lo acerca más a ella mientras sus cabellos de miel lo seducen con cautela. Finalmente ella siente su presencia. Tímidamente levanta la cabeza para conocer su dulce rostro de galán empedernido. Él, humilde, sumiso, dócil, se agacha para recoger el cigarro que yace junto a los hermosos pies de la doncella sin prejuicios. -aquí tiene señorita- sorprendida de su caballerosidad tan prematura ella le acerca la mano. El cigarro se mueve presuroso hacia los carnosos labios del joven muchacho –-¿me permitiría?- segura, obstinada, saca con su mano izquierda un encendedor de su bolsa de mano. Encendiendo el cigarrillo de sus pesares sonríe plácidamente mientras los pulmones de aquél son extasiados con el letal humo de su cariño infundado. Ella lo mira. Él, solo fuma. Las ganas de probar aquél humo lleno de pasión y enfermedad se intensifican en la garganta de ella. Una cigarrera en el fondo de su bolsa la llama, pero sus manos están muy ocupadas para tomarla. Una bocanada. Otra bocanada. Placer. Él la mira con frialdad. Su necesidad ha sido saciada. Tira el cigarro con su mano derecha y pisándolo firmemente, sonríe de nuevo. Ella solo lo mira. Las ganas se le notan, el ansia le pulula por los poros. Al advertirlo, él se acerca al bolso, toma la cigarrera y le pone un cigarro en su roja boca sin verdad. –Delicioso- Habiendo cumplido su misión, puede irse satisfecho. Ahora es el turno de ella de disfrutar; pero con ambas manos ocupadas, no puede más que inhalar y exhalar el vacío y la soledad que la partida le ha dejado. Una bocanada. Otra bocanada. Asco. Repudio. –Casi se me olvida- acercándose hacia ella con una calma infernal, desliza suavemente sus dedos entre la mano derecha de ella. Ahora, la sangre de su corazón le escurre le pertenece. Con un pañuelo de seda, blanco, impecable, limpia los restos de su perdición de la mano de ella. –Ahora ya puedes fumar- gotas de placer se deslizan por sus muñecas hasta llegar al ante brazo. Con los ojos cerrados hacia su interior él se acerca el corazón al rostro. Su olor penetra hasta lo más profundo de sus entrañas. Placer. Un éxtasis indescriptible lo inunda por completo. Ahora con vida propia, su mano mueve el corazón alrededor de su cuerpo. Restregándolo con pasión por cada rincón de su blanco y reluciente traje de lino, él suspira. Cuello. Hombros. Axila. Ella lo mira con tranquilidad. Fuma. Pecho. Torso. Cadera. Ella sigue fumando. Piernas. Entre pierna. Tobillos y pies. El cigarro ha llegado a su fin al igual que la tranquilidad que la mantenía sentada. Intentando sorprenderlo por la espalda ella extiende su trémulo brazo hacia su hombro. Sintiendo su amor él se voltea. Bajando su corazón para hacerla suya la toma de la cadera y la acerca hacia su cuerpo. Bailan. Todo un sueño. Colores, sabores, las olas del mar rompen en sus pechos. La música de sus adentros comienza a extinguirse poco a poco. Frente a frente. En medio, el corazón. Suaves caricias irrumpen los labios de él. Él hace lo mismo. Frente a frente. En medio, un corazón. Mirando su dura corteza con ansiedad, el hambre de tenerse mutuamente los incita a hacer una locura. Una mordida a un fruto rojo y crocante. Otra mordida. El dulce jugo del fruto prohibido se escurre en sus bocas. Cerrando los ojos, ambos disfrutan, viven. Después del último bocado, la vida dejará de ser la misma. Lo saben. Sus papilas gustativas se extasían con cada masticar. Su piel se crispa. Placer absoluto. Saciedad. La última cena ha acabado. Un beso. Un adiós. Calor intenso. El sudor escurre por sus cuerpos. Más calor. La llama de la pasión comienza a hacerse más presente. Sus pechos arden, sus ojos humean.  Fuego. Gritos. Un abrazo. Soledad. Las cenizas de sus cuerpos caen como la nieve en el invierno. El recuerdo de su amor ahora yace junto a un par de colillas sin sabor y un montón de partículas de aire sin ningún color. 

jueves, 6 de diciembre de 2012

Soledad


Ahora, sin poder dormir, te recuerdo. Con tus ojitos mirándome mientras duermo. Con tu vocecita chillona pidiendo compañía. Te extraño. Ahora solo se escuchan los minutos en el reloj. El tiempo pasa lento. Sin ti la vida no me sabe. Me siento vacío. Yo sé que no debería. Muchos me han dicho que la mejor compañía que tengo soy yo mismo. Yo me lo he dicho también. Pero eso no me funciona.
Me he acostumbrado demasiado a ti. Tu calor por las noches y un café por las mañanas. Un beso no correspondido cada vez que me voy y un saludo sin vida cuando regreso a casa. Te extraño. No se si puedo decir que te quiero, pero te extraño. Sin tu presencia me siento descubierto, destapado, desprotegido. No sé que me pasa. Siempre que me preguntan respondo lo mismo: “soy independiente”. Ahora no se si realmente lo soy. Yo pago mi comida del día y mi renta del mes. Me muevo solo por las calles y no le temo a nada. Solo a ti. Cada vez que llego a casa estás tú, esperándome. Mirándome con esa mirada que a cualquiera cautiva pero que nadie quiere realmente mirar. Cada vez que llego a casa me encuentro contigo, soledad. 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Tu Luz


Certeza de nada, duda del mundo. Tierra de colores, flores de agrio estupor. Espadas llenas de sangre, héroes por doquier. Armas largas y miradas de odio. Paz. Tierra de pobres, pobreza en la tierra. Infertilidad. La madrugada acabó. El sol no ha salido; ya no saldrá más. Teme por su vida, al igual que todos nosotros. Oculto entre las nubes de su soledad disfruta de los canticos de los ángeles al despertar. Mientras, nosotros sufrimos por su ausencia. El frio me ha calado los huesos; el viento sopla cada vez más fuerte. Mi reloj dice que ya es de mañana, pero no parece. Me faltas tú. Me hace falta tu luz y tu calor. Oculto entre neblina no me dejas verte ni sentirte. El miedo te ha alejado de mí. Mi miedo te ha alejado de mí.  Son mis tinieblas las que te ocultan. Es mi obscuridad la que no te deja brillar. Lo se. Soy yo la que no quiere ver el resplandor de tus ojos. Ya no más. Me desespera, me harta. Tu luz siempre me opacó. Por eso, con un soplo de envidia la apagué de inmediato. Por eso ya no brillas; por mi.
Siempre fuiste más que yo, lo admito. Al principio estuvo bien; era útil. Aprendí muchas cosas a tu lado y comprendía otras varias. No se en que momento dejó de ser agradable. Tal vez fue aquella vez en la que me tomaste por los hombros y susurraste en mi oído lo que debía y no debía hacer. O tal vez fue aquella ocasión en la que, mientras hacíamos el amor, tus brazos me cubrieron por completo sin permitirme mover hacia ningún lado. No se cuando, pero en algún momento simplemente me arrepentí de estar a tu lado. Alejarme era imposible. Me necesitabas  tanto como yo a ti. Por ello mejor decidí opacarte. Tomar las riendas y cabalgar por el bosque usando tus pies de soporte.
Hoy que tus ojos ya no brillan, puedo brillar yo. Aunque mi cuerpo carezca de calor y mi camino no tenga luz para andar, me siento pleno. Me siento feliz. Feliz porque estoy a tu lado. Sin ataduras, sin reglas, sin encomiendas ajenas. Solo yo, contigo, pero yo. A tu lado, con tu amor, pero solo. Con certeza, con duda, pero contigo. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Un Mundo Sin Tacones


Zapatos altos y falda corta, un trabajo singular y un pasado que ocultar. 10:00am hora de abordar -¿desea algo de tomar señor?- la larga jornada comienza. Un paso, una sonrisa. Otra sonrisa, otro paso; hastío. Hora de desayunar -¿huevos con papa o fruta con yogur?- mas sonrisas. Soledad. Los zapatos altos comienzan a cansar. Las miradas de los hombres ya le son indiferentes -¿mas wiski señor?- turbulencia. Miedo colectivo. Sonrisa aun más pronunciada.    -¿puede ponerse su cinturón por favor?- viento, inclemencia, silencio desgarrador. Turbulencia. Pánico. Una sirena. Más pánico. Las mascarillas caen. Todos gritan. Fuego. Turbulencia. Caos.
Sus pies caminan presurosos de un lado al otro. Calma. Un suspiro de alivio le hace ver la realidad. Paz. Sus trémulas manos despojan a sus piernas de aquellos altos grilletes que la tenían atada. 10:45am libertad.  Los. Muerte. Soledad.
Su alma libre ahora recorre los pasillos de un nuevo mundo, sin ataduras. Un mundo sin tacones. 

martes, 27 de noviembre de 2012

Hiedra


Tu veneno me espanta, me enloquece. Tenerte cerca no e bueno, lo se. Pero me encanta. Cada vez que las hojas de tu alma tocan mi piel, me da urticaria. Cuando te beso mi estomago protesta y me dan ganas de vomitar. Tus palabras llenas de labia me matan por dentro; pudren mis entrañas. Eres una mala hierba que ha crecido en mis adentros y se ha extendido sin piedad. Eres ese amargor en mi café, esa dulzura de los chocolates que como cada día como postre y ese picor de mi comida que no a todos les gusta. A mi me si me gusta. Me encanta, pero me espanta.
No temas florecita, no temas. Yo no he venido a esta tierra a hacerte daño o a perturbar tu paz interna. No. Yo soy solo una planta más en el jardín de tus recuerdos. Mis raíces son casi tan profundas como tu existencia misma y mis hojas tan verdes como tus ojos de miel. Si mis besos te causan nauseas y mis caricias te hacen mal, es porque tu misma lo permites, florecita de viento. Las cosas que yo hago, no las hago con mala intención, al contrario. A mi me gusta verte bien, sonriendo y riendo; cantando por doquier.
No me vengas con esos cuentos extraños de nuevo. Verme bien no es tu cometido, verte bien tu misma sí lo es. Yo sé que no soy una santa y que mis errores he cometido, pero tu… repulsivo ser lleno de dolor ¿Por qué eres repulsivo sabes? Tus manos me dan asco, tus ojos me dan miedo, tu sola presencia me es insoportable. A veces pienso que me encantas, pero creo que es solo un engaño de mi misma.
Mi encanto no puede ser un engaño, ni de mí, ni de ti, ni de nadie. Siempre has querido alejarme de ti. Has hecho todo lo posible para huir de mis brazos. Pero no puedes. Soy demasiado bello, demasiado perfecto para desaparecer así como así. Yo siempre estaré a tu lado y tendrás que afrontarlo. Nunca me apartaré de ti, ya te acostumbrarás… he nacido en ti, y moriremos juntos.
Morir, eso es exactamente lo que debe pasar contigo, morir. No te quiero cerca, me haces mal. tus ideas me confunden, tu claridad me enerva. Detesto que puedas afirmar todo lo que dices. Odio que no me dejes opinar. No soporto cuando empiezas a hablar por mí. Quiero desaparecerte de una buena vez por todas. La muerte es lo único que te mereces. Un velorio sin luz y un funeral oculto entre la niebla.
Demasiado tarde florecita. Soy veneno. Tu veneno. Veneno que corre por tus venas aunque quieras evitarlo. Soy hiedra. Hierba mala nunca muere, igual que tu, florecita de viento. Muchas veces has jugado con la muerte intentando deshacerte de mi. Día tras día te esfuerzas para morir, para matarme. Jamás podrás. Mis raíces son tan profundas que aunque arranques mis hojas de tu piel, mi veneno seguirá profanando a los tuyos. La hiedra se ha expandido más allá de lo que ves, más allá de lo que sientes. Ya es demasiado tarde para intentar morir florecita.  

jueves, 22 de noviembre de 2012

Huir


El humo de tu recuerdo me invade, me daña. El dañino cilindro de tu amor lo tengo atado a mis manos como dos púas que no puedo quitar. Te extraño. Me encantaría negarlo, pero te extraño. Con cada inhalación me daño, lo se. Pero mi soledad es aun más grande que mi miedo a la muerte. Mis labios se consuelan con cada fumada, me ayudan a mitigar las ganas de besar tus labios a cada instante.  Tomar el filtro  el filtro con amor, es como tomar tu rostro mientras contemplo tus verdes ojos frente a mi. La nicotina esparciéndose por mis poros me permite no necesitar tus caricia llenas de dolor. Te extraño, no lo niego. Te amo, no me engaño. Pero prefiero fumar para no mentirme diciéndote que quiero estar a tu lado de nuevo. Prefiero morir antes que perjudicarte otra vez. 

sábado, 17 de noviembre de 2012

La Despedida



Anoche. Intentando no extrañarte, te soñé. Sin zapatos y con un traje negro bien planchado me abrías las puertas de tu pecho. Tus ojos verdes miraron directo hacia los míos. Una extraña paz colmo mi cuerpo de inmediato. Mi corazón comenzó a palpitar más rápido que de costumbre y unas ansias locas de querer abrazarte nacieron en mí. No quería despertar; una energía extra cotidiana invadió mi cuerpo físico sin que nadie lo notara, nadie más que tú. Mis ojos se abrieron entre suspiros. No supe que pensar, no sabía que hacer. Encendí la luz para ver si estabas cerca, y nada. Mil y un hormigas recorrían mis extremidades haciéndome saber que pronto llegaría el momento de estar junto a ti. De pronto y sin esperarlo, el foco de la lámpara se apagó. Miedo. Sabía que eras tú; tu voz retumbaba en mis oídos diciéndome lo que siempre quise que me dijeras. Lo sabía, sabía que eras tú, pero tuve miedo. No quería afrontar la realidad, no quería saberte ahí. Sin desearlo, lágrimas con olor a nuez moscada comenzaron a brotar de mis ojos. Claramente sentí como una mano tocó mi hombro en son de consuelo. Eras tú, de eso no me queda la menor duda. Un susurro, un suspiro… soledad. La luz se prendió de nuevo. Todo volvió a estar en paz. Te extrañaré. Aunque jamás hayas estado junto a mi, siempre estuviste cerca. A pesar de que ahora sea yo quien no puede estar junto a ti, siempre vivirás e mi corazón. Te quiero padre mio…

jueves, 21 de febrero de 2008

Prejuicios

Caer. Rodar por las ruedas, sin rodar a donde sea. Rodar. Caer por arriba, muriendo a cada minuto. Morir. Sueños de locura, paz al instante. Soñar. Mira al cielo, y admira a dios. Mirar. Mira en tu interior y encontraras la verdad. Buscar. Crece sin mirar a los lados; mírate, rueda y muere al soñar.

viernes, 15 de febrero de 2008

Narices Bohemias




Dedicado a todos aquellos que sueñan que se sacan plumas de la nariz.


miércoles, 13 de febrero de 2008

Corazon de Elefante


Cuando los elefantes te miran de esa manera
cuando las rosas tocan tu piel
cuando los gemidos inundan tus sentidos
y las gotas del viento se escurren por tu ser
es cuando sabes que has encontrado la parte que te faltaba:
el viento en el aire
cambia el sentido de las cosas
la luz en los rayos del sol
se torna violeta en cuanto tu piel se expone a ella
y el cielo del agua
hace música cuando cae
sobre la piel de tu oponente
cubriéndolo de deseo
y amándolo eternamente

viernes, 8 de febrero de 2008

Poder


Con ojos de recelo y un potente rayo de luz entre sus parpados de mar. La eternidad busca su liberación, mas el algodón lo tiene atado a los dogmas de la cruz. La penuria cubre su rostro y la sombra de la madera, no le deja ver con claridad. Ahora como buen verdugo de la humanidad, se dispone pretender que todo esta bien.

miércoles, 6 de febrero de 2008

domingo, 6 de enero de 2008